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Taller de Expresión I - Cátedra Klein - Universidad de Buenos Aires.



María Inés está sentada con las piernas cruzadas y muy sonriente. (Y un poco ansiosa.)

¿En dónde naciste, María Inés?
M:
En Argentina, Buenos Aires

¿Y tu familia, de qué trabajaba?
M: Mi padre estaba en la policía federal, mi madre era ama de casa. Y yo estudiaba en el colegio.

¿Qué querías ser cuando eras jóven?
M: (Ríe) Soñaba con ser actriz…


¿En algún  momento pensaste que ibas a ser diseñadora?
M: Si, también… Pero muuucho más adelante porque me gustaba el dibujo. Esto pasó hace más o menos 40 años, como hacía lindos dibujos, me gustaba mucho la ropa, mi mamá cosía para nosotros y yo le decía los vestiditos con voladitos que quería, ya me gustaba todo eso… era muy coqueta.  Después me hacia los dibujitos para los vestidos para las fiestas de los carnavales y de la primavera, que de hecho salí reina y todo eso… Sí, me gustaba mucho, era coqueta,  le sacaba los lápices de labios a mi mamá, me pintaba…

¿Qué buscabas crear? ¿Tenías en mente algo en especial, algo que te inspire en tu cabeza?
M:
Bueno, sí… Tenía la idea de alguna vez ser diseñadora para estrellas de Estados Unidos, de Europa… soñaba con esas cosas. (Ríe)
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¿Cómo lograste empezar tu emprendimiento?
M:
Bueno,  eh… hace aproximadamente 40 años en un shopping nos encontramos con un arquitecto,  el arquitecto Volpe y su señora Sara Volpe, nosotras no nos conocíamos pero Saúl mi marido y Volpe sí se conocían. Nos pusimos a charlar, quedamos en encontrarnos otra vez y nos encontramos con Sarita en una confitería, a ella le gustaba el diseño, y me propuso: “¿Qué te parece si nos ponemos a hacer diseño y ropa?” Y yo tenía un departamento chico en la calle Uruguay y Marcelo T de Alvear y ahí empezamos las dos a confeccionar ropa para las vecinas, primeramente. Después vinieron otras clientas, después yo conocí a la señora Mirtha Legrand, muy amiga de Merecedes Sosa… yo era muy amiga de Mercedes Sosa… Y me decía, “Nena, por qué no te pones a hacer ropa?” Empecé a hacerle los vestidos a Mercedes para sacarle un poco de poncho y ponerle los vestidos… Me acuerdo que para el casamiento del hijo le hicimos un vestido en un yoryet color turquesa, nunca se imaginaba ella que iba a poder usar ese color y sin embargo le gustó mucho... Y bueno, se fue haciendo una cadena de clientas importantes, y en una oportunidad el esposo de Sara, el arquitecto Volpe, con el arquitecto López, hicieron Galerías Pacífico, Alto Palermo, uno que está en Belgrano… Entonces decidimos poner un local en Galerías Pacífico.  Seguíamos teniendo el taller en la calle Uruguay y aparte teníamos un entrepiso donde teníamos costureras que hacían la ropa. Bueno, teníamos gente de un nivel bastante importante porque en esa época Galerías Pacífico era Elite… Vino gente de Estados Unidos, una actriz… Ay, ¿Cómo se llamaba? (Piensa en voz alta) Bueno… Maya Plisétskaya, que era amiga mía, le hicimos ropa también para el Colón y… en fín.  A Shirley MacLaine. Que también, nos hicimos muy amigas… me invitó a Estados Unidos… Y bueno, en el shopping estaba la señora Elsa Serrano y nosotras. Elsa se fue y quedamos nosotras. Y tomamos mucha gente bastante importante. Y así, bueno, yo diseñaba y Sara una gran modista, porque a mí no me gusta ni pegar un botón, pero me gustaba la parte de diseño. Y bueno, así fuimos progresando, hasta que bueno, llegó un momento, pasaron muchos años, y ya dejamos Galerías, seguimos una gran amistad, pero en cuanto a trabajo… Hicimos para el Alvear Palace Hotel los diseños de los uniformes, para Médicus, para el Sanatorio, este que está en la calle Larrea… Larrea y Azcuénaga. Y bueno, varias otras empresas que nos pedían, para el colegio ORT… muchos que se fueron sumando. Hasta que llegó un momento que Sara ya tenía sus chicas que tenía que atender y yo también tenía a mis chicos. Y fuimos dejando la… no la profesión pero sí esto de hacer niveles así, mayores... Hacíamos camisas para empresas, también importantes. Camisas de dama, ¿no? Y uniformes. Del Ottamendi, de Médicus… varias empresas.

¿Tenes algún diseñador que te haya inspirado
?
M:
No, yo… tenía mi idea y no me gusta la copia así que no… no.

¿Estudiaste con algún diseñador? ¿Con cuál?
M:
Sí, con Lagarrigue. Angel Pedro Lagarrigue.  Murió hace muchos años.

¿Qué era lo que te costaba más?
M: No me costaba, porque me gustaba mucho… de hecho soy pintora, pinto, así que no me… la creatividad la tengo. Y todavía sigo pintando, ¿no?

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¿Me querés contar alguna anécdota del diseño que te acuerdes?
M:
(Ríe) Sí… A ver. (Pensativa) En una oportunidad en la Galería viene una señora muy importante con su esposo, no voy a dar nombres, y yo con el afán del diseño de la ropa de fiesta, que era lo que más me gustaba porque Sara se dedicaba más a las cosas de sastrería y a mí ese tipo de cosas mucho no me gustaba… Viene con el marido una señora muy agradable, y me cuenta que tiene que viajar y van a hacer un crucero y que quería algo importante. Entonces le diseño un traje muy lindo en un color beige clarito, muy muy lindo, gasas y todo, bueno, precioso. Se quedó enloquecida, la señora.  Y el marido estaba: “Pero querida…” “Vos cállate, la señora es la diseñadora” le decía. “Pero..” “¡Callate!”  Pasa que lo que quería era una ropa para ir en un crucero, pero mañana mediodía, y yo interpreté que quería para la noche.  Para la noche también quería, pero entonces yo le hice ropa muy paqueta que ella cuando me dijo “Y, porque a la mañana…” Y yo le digo “Señora, esta no es para la mañana… Usted… hubiéramos empezado primero por la mañana, mediodía… esto es para la noche” Y el marido le decía “Viste, vieja?” Y ella le decía “Vos cállate!” (Ríe) Y después dice, “Bueno, mi esposo tiene razón, vamos a hacer algo más fresco”.
Y tengo otra más muy cómica, una señora que viene, también, que iba a hacer… venía mucha gente que viajaba en crucero y todo, entonces me dice “Yo quisiera…” (también la misma historia) “(…) algo para el crucero, para ponerme al mediodía, a la tarde…” Y nosotras habíamos comprado unos cuantos pilotos que nos quedaron de clavos, y no los podíamos vender porque la gente que venía era para ropa de fiesta, de tarde… o de mañana también, pero muy paqueta. Y le digo a Sara, “Déjamela a mí que la sigo yo.” Porque dicen que yo hubiera sido muy buena vendedora. Entonces me dice “María Ines, no le vas a dar los pilotos, la mujer quiere…”. Entonces voy abajo, porque teníamos un entrepiso, y… le digo a la señora de la ropa de noche, que esto y que lo otro, y entonces quería venderle pilotos, yo. Y le digo “Bueno mire, señora, yo tengo unos pilotos preciosos, me quedaron tres…”. Realmente eran preciosos, un diseño francés precioso. Entonces el marido dice “Ay, pero ¿Para qué querés, querida? Si es verano y donde vamos, el clima...” “Mire, ¿Sabe qué pasa, señor? Le digo. “Que en el barco la señora quiere ir a… subir, ver todo el paisaje, el panorama, todo, y entran las olas….” (Estalla de risa) “¡¿Viste que la señora tenía razón?!” “¡Y se moja!”.




¿Y se lo llevó?
M: Seeeeee. Sarita, mi socia, a mí no me gusta coser ni nada, yo se te decir “Esto es para vos” esto y lo otro, pero Sarita… Sí, es una gran modista, por eso nos complementamos muy bien. Entonces, ella pobre compartía para convencer a la señora, también, un poco… pero le vendí los dos pilotos. Y le digo “Señora, hace muy bien en llevarse los dos pilotos porque si llueve dos o tres días, no puede usar el mismo…” Y nos sacamos dos pilotos de encima, después bueno, nos quedó otro. Dicen que era buena vendedora, yo, porque Sarita es tímida, ¿Viste? Le da vergüenza, no insiste.
Y después bueno, hemos tenido importante gente, como Maya Plisétskaya que bueno, con Maya de hecho tengo un cuadro que después te lo muestro. Venía acá a casa, salíamos a pasear y… ella me halagaba mucho mi ropa. (Sonríe) Así que, bueno, y otras actrices, modelos también, muchas modelos, tuve. Muy feliz de esa época de mi vida, la verdad…


¿Qué le recomendarías a alguien que quiere empezar con un emprendimiento de diseño?
M: Primero que estudie diseño, bien, bien… Porque para meterse en un emprendimiento y ser digamos el capo del emprendimiento, tiene que tener muchos conocimientos. Así que… que estudie mucho, que se informe, si puede viajar que viaje para conocer las tendencias de afuera, no hay que estancarse… Yo he tenido oportunidad de viajar, entonces… Bueno, eso es lo que le recomendaría. Que lo haga con mucho entusiasmo y si le gusta, que no lo haga por decir “Bah,  voy a estudiar diseño” Eso tiene que nacer. Yo de hecho sigo con la pintura.  Me gusta mucho pintar y todo esto porque como ya no hago ropa… no quiero dejar de pintar, por ejemplo. Me encanta. Ahora el Lunes tengo que ir a hacer unos trabajos de pintura.


Bueno, muchas gracias
M: Ay, mi amor, bueno, gracias.



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Haydée Mercedes Sosa (Tucumán, 9 de julio de 1935-Buenos Aires, 4 de octubre de 2009),​ conocida como Mercedes Sosa, fue una cantante de música folclórica argentina, reconocida en América, considerada la mayor exponente del folklore argentino, cumbre de la historia de la música folclórica de Argentina y una de las principales e infaltables cantantes de la música popular de Latinoamérica. Se la conoce como La Voz de América Latina.

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Maya Plisétskaya Moscú, Unión Soviética, 20 de noviembre de 1925 - Múnich, Alemania, 2 de mayo de 2015 fue una de las máximas bailarinas de ballet ruso del Teatro Bolshói, a la cual se le otorgó el título de prima ballerina assoluta.  Destacó por haber sido la mejor de su época en papeles como El lago de los cisnes, Don Quijote, Carmen Suite (ballet hecho para ella) y la pieza musical La muerte del cisne.

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Shirley MacLean Beaty (Richmond, Virginia; 24 de abril de 1934), es una actriz, cantante, bailarina, escritora y activista estadounidense. Su labor profesional en el teatro, el cine y la televisión se ha extendido por más de 60 años y le ha premiado con los reconocimientos más importantes de la industria cinematográfica. 

Fuentes: Wikipedia. 
La mayor parte de mi vida, desde que supe que vivía en un edificio moderno y que formaba parte de una familia moderna, en el Bronx de hace treinta años, el significado de la modernidad me ha fascinado. En este libro he intentado examinar algunas de estas dimensiones del significado, explorar y trazar el mapa de las aventuras y los horrores, de las ambiguedades y las ironías de la vida moderna. El libro avanza y se desarrolla a través de una serie de lecturas de textos; aunque también trato de leer el entorno social y espacial, pequeñas ciudades, las grandes obras en construcción, embalses y centrales eléctricas, el Palacio de Cristal de Joseph Paxton, los bulevares parisinos de Haussmann, las perspectivas de Petersburgo, las autopistas de Robert Mosses que atraviesan Nueva York; y por último, de lecturas de las vidas de personas reales y de ficción, desde los tiempos de Goethe, pasando por los de Marx y Baudelaire, hasta llegar a los nuestros. He intentado mostrar cómo todas esas personas comparten y todos estos libros y entornos expresan, ciertas preocupaciones específicamente modernas. Los mueve, a la vez, el deseo de cambiar -de transformarse y transformar su mundo- y el miedo a la desorientación y a la desintegración, a que su vida se haga trizas. Todos ellos conocen la emoción y el espanto de un mundo en el que todo lo sólido se desvanece en el aire.
Ser modernos es vivir una vida de paradojas y contradicciones. Es estar dominados por las inmensas organizaciones burocráticas que tienen el poder de controlar, y a menudo de destruír, las comunidades, los valores, las vidas, y sin embargo, no vacilar en nuestra determinación de enfrentamientos a tales fuerzas, de luchar para cambiar su mundo y hacerlo nuestro. Es ser, a la vez, revolucionario y conservador: vitales ante las profundidades nihilistas a que conducen tantas aventuras modernas, ansiosos por crear y asirnos a algo real aun cuando todo se desvanezca. Podríamos incluso decir que ser totalmente modernos es ser antimodernos: desde los tiempos de Marx y Dostoievski hasta los nuestros, ha sido imposible captar y abarcar las potencialidades del mundo moderno sin aborrecer y luchar contra algunas de sus realidades más palpables. No hay que asombrarse entonces de que, como dijera el gran modernista y antimodernista Kierkegaard, la seriedad moderna más profunda debe expresarse a través de la ironía. La ironía moderna ha animado muchas grandes obras de arte y el pensamiento a lo largo del siglo pasado y al mismo tiempo penetra en la vida cotidiana de millones de personas corrientes. Este libro pretende reunir esas obras y esas personas, devolver la riqueza espiritual de la cultura modernista a los hombres y mujeres modernos de la calle, mostrar en qué forma, para todos nosotros, el modernismo es realismo. Esto no resolverá las contradicciones que impregnan en la vida moderna; pero debería ayudarnos a comprenderlas, de manera que podamos ser claros y honrados al hacer frente a ajustar las cuentas y superar a las fuerzas que nos hacen ser lo que somos.
Poco después de terminar este libro mi querido hijo Marc, de cinco años, me fue arrebatado. A él dedico Todo lo sólido se desvanece en el aire. Su vida y su muerte acercan al hogar muchos de los temas e ideas del libro: la idea de que los que están más felices en el hogar, como él lo estaba, en el mundo moderno pueden ser los más vulnerables a los demonios que lo rondan; la idea de que la rutina cotidiana de los parques y las bicicletas, de las compras, las comidas y las limpiezas, de los abrazos y besos habituales, puede ser no sólo infinitamente gozosa y bella sino también infinitamente precaria y frágil; que mantener esta vida puede costar luchas desesperadas y heróicas, y que a veces perdemos. Ian Karamazov dice que, más que cualquier cosa, la muerte de un niño lo hace querer devolver su billete al universo. Pero no lo devuelve. Sigue luchando y amando; sigue adelante.




Nueva York, enero de 1981

Fuentes: Todo lo sólido se devanece en el aire. Marshall Berman
¿Qué se hace cuando la ausencia no hace más que aparecer en forma de presente?

"En el año 2010 tuve la oportunidad de asistir a una exposición fotográfica en Buenos Aires que me causó una gran perturbación. Su título ya era revelador de lo que el asistente no podría encontrar en las instantáneas. Bajo el nombre de “Ausencias” el fotógrafo argentino Gustavo Germano ha dedicado una obra en homenaje a la gente que desapareció en Argentina y Brasil durante la dictadura militar. Reconstruyó fotografías de los álbumes de 25 familias mucho tiempo después de haber sido realizadas, exactamente en los mismos lugares en los que fueron tomadas."(Lluis Torrent, 2015).

Se estima que 30.000 fue el número de desaparecidos en Argentina entre los años 1976 y 1983, bajo el régimen militar autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional".
Invito al lector a que mire atentamente y sin prisas cada rincón de las imágenes. Cada ausencia individual que conforma todos estos espacios en blanco del ahora. 
30.000 es el estimativo de las ausencias físicas, es un número que manifiesta y pone en concreto todo el cinismo ocurrido en la historia. Pero, ¿cómo representar la sensación humana de la nada misma? Pequeño retazo de lo que significaron todas aquellas desapariciones humanas, gritadas en forma de Arte, por Gustavo Germano.

¿Qué se hace con tanto vacío rebalsando?
Nunca olvidar(lo).




Fuente: https://muhimu.es/violencia/ausencias-desaparecidos/
“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden
y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.


Franz Kafka

(Carta de Franz Kafka a Oskar Pollak 1904).


Fuentes: https://leyendoeuropa.wordpress.com/2011/02/16/franz-kafka-y-la-metamorfosis/
Cuánto tiempo sin ver tu mirada radiante
Sin oír la caricia de tu risa de plata;
Sé bien que en tu memoria no habrá ningún lugar
Para guardar de mí ni escueta imágen.
¡Qué importa, si me basta que quieras escuchar
el cuento largo que voy a contar!

El cuento que empezamos en los días dorados
Bajo el sol de una tarde de verano
regresa justo ahora porque escuchó el llamado
Era una canción simple la que impulsaba el remo
Cuyo ritmo resiste al poder del olvido
los años envidiosos no arrebatan su abrigo

Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo,
entre corbata y corazón, arriba,
cierta melancolía intercostal:
era que tú de pronto eras ausente.
Me hizo falta la luz de tu energía
y miré devorando la esperanza,
miré el vacío que es sin ti una casa,
no quedan sino trágicas ventanas.
De puro taciturno el techo escucha
caer antiguas lluvias deshojadas,
plumas, lo que la noche aprisionó:
y asi te espero como casa sola
y volverás a verme y habitarme.
De otro modo me duelen las ventanas.
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Michelle Bercoff

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Michelle Bercoff
1997, Argentina. Actríz. Estudiante de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Teatro. Cine. Fotografía. Literatura. Filosofía. Periodismo. Artes visuales.
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